Elegirnos

De El destino equivocado, por Yeoli61

Habían pasado varios meses desde aquella noche de luna llena en la mansión. El aire ya no se sentía cargado de tensión, y la vida en la manada había encontrado su propio ritmo orgánico. Fue entonces cuando el destino, caprichoso, puso a ChanYeol nuevamente en el camino de Kai.

Baekhyun estaba a su lado, y el aroma del omega, dulce y estable, anunció su presencia antes de que Kai pudiera verlos. Al girarse, una sonrisa genuina, sin rastro de la antigua amargura, floreció en los labios de Kai.

—¡Kai! Qué encuentro tan afortunado —saludó Baekhyun con calidez. Su voz era suave, pero su mirada escrutaba a Kai con la intuición propia de un omega que ha criado a su propia familia, buscando cualquier rastro de dolor antiguo.

Los tres quedaron envueltos en una burbuja momentánea. ChanYeol y Baekhyun irradiaban esa aura inconfundible, un lazo de apareamiento fuerte y consolidado que los mantenía en sincronía. Kai se detuvo un instante, conteniendo la respiración por un segundo, esperando el viejo y familiar pinchazo en el pecho, el nudo en la garganta que solía paralizarlo. Pero no llegó.

En su lugar, una extraña y reconfortante paz lo invadió. Era un cariño sincero, despojado de deseo romántico. Finalmente lo había comprendido con cada fibra de su ser: amar a alguien también podía significar soltarlo, aceptar con alegría que esa persona pertenecía a otra historia, a otro destino.

ChanYeol, sintiendo la calma y la ausencia de conflicto en las feromonas de Kai, se acercó un paso más, relajando su propia postura de alfa. Lo envolvió en un abrazo cálido y amistoso, un apretón de camaradería que resonó con el respeto de los viejos tiempos.

—Me alegra verte entero, Kai —dijo el alfa, con absoluta sinceridad, su voz grave vibrando cerca del oído de Kai—. De verdad me importa cómo estás.

Kai se separó, sosteniéndole la mirada con una ligereza que no conocía hace años.

—Gracias, ChanYeol. Mejor que entero. Diría que pleno.

—Se te nota —terció Baekhyun, ladeando la cabeza con curiosidad—. Esos ojos tienen otro brillo, un aroma más asentado.

Kai rió suavemente, pasando una mano protectora por su vientre, un gesto subconsciente que no pasó desapercibido para la pareja frente a él.

—Digamos que la vida me sorprendió. Ya no estoy solo buscando mi paz; ahora la comparto. Encontré a mi pareja destinada.

La sorpresa cruzó el rostro de ChanYeol, seguida inmediatamente por una genuina alegría que se filtró en su aroma, haciéndolo oler a madera recién cortada.

—¿En serio? Eso es increíble, Kai... ¿Quién es el afortunado?

—Do —respondió Kai, y al mencionar su nombre, un pequeño rubor subió por sus mejillas y sus propias feromonas se tornaron más dulces, un reflejo de la seguridad que sentía en su vínculo.

Baekhyun dejó escapar un suspiro enternecido y se acercó un poco más, rompiendo levemente el espacio personal de Kai pero con intenciones maternales.

—¡Oh, por la Diosa! Do... eso es maravilloso. Escuchame, cariño —dijo Baekhyun, bajando la voz a un tono confidencial—. Si en algún momento necesitan consejos, un par de manos extras o simplemente charlar con alguien que ya pasó por la etapa de criar cachorros... nuestros hijos ya son grandes, pero esas cosas no se olvidan. Cuenten con nosotros para lo que sea. De verdad.

Kai asintió, conmovido por la sinceridad del ofrecimiento.

—Gracias, Baek. Significa mucho. Y los felicito a ustedes también... se nota que el lazo entre ambos es muy fuerte.

Tras unos minutos más de una charla fluida, donde el pasado quedó sepultado bajo la construcción de un nuevo respeto mutuo, se despidieron con la promesa de mantener el contacto.

Cuando Kai regresó a casa, el aire a su alrededor aún traía ecos de la interacción con otros alfas. Al cruzar el umbral, el inconfundible y potente aroma de Do —a tierra mojada y metal frío— lo golpeó, pero esta vez no se sintió como una barrera opresiva, sino como una bienvenida a casa.

Sin embargo, en cuanto Kai se acercó para saludar al alfa que lo esperaba de pie, con la mandíbula ligeramente tensa, la atmósfera cambió drásticamente. Los ojos oscuros de Do se entrecerraron, sus fosas nasales se dilataron y un gruñido bajo, gutural e involuntario retumbó en su pecho, apenas perceptible pero cargado de una posesividad ancestral. Un olor extraño y ajeno a su territorio había contaminado la piel de su omega. Había percibido el rastro de las feromonas de ChanYeol.

Do dio un paso al frente, cerrando la distancia entre ambos de forma intimidante. No esperó a que Kai hablara; lo rodeó con sus brazos fuertes, no con la suavidad de costumbre, sino con una necesidad imperiosa de reclamar su espacio, de sobrescribir ese aroma ajeno con el suyo propio.

—¿Estuviste con él? —preguntó Do, con la voz áspera, casi un gruñido contra el cuello de Kai, justo donde residía la marca del vínculo. En su interior, la inseguridad, un miedo irracional y profundo a perder a Kai ante su antiguo amor, rugía con fuerza.

Kai se quedó helado un segundo ante la reacción física del alfa, pero sintió la vibración del miedo y la inseguridad detrás de esa agresión territorial. No se defendió; al contrario, exhaló profundamente, calmando sus propias feromonas para apaciguar a Do.

Con movimientos lentos y deliberados para no alterar más al alfa, Kai apoyó las palmas de sus manos en el pecho duro de Do, sintiendo el latido acelerado de su corazón. Levantó la mirada, encontrando los ojos oscuros y preocupados de su pareja.

—Sí, Do. Me los crucé de casualidad. Estuvimos charlando un rato, nada más. Ni una palabra fuera de lugar.

Do apartó la mirada, luchando internamente con sus instintos, y murmuró con un tono de dolor oculto bajo la dureza:

—¿Y?... ¿Está todo bien?

Kai no soltó su agarre. Al contrario, dio un paso más hacia el cuerpo del alfa. Levantó la mano y tomó la mano de Do, que estaba aferrada a su cintura, llevándola despacio, con ternura infinita, hacia su propio vientre ligeramente abultado, donde los latidos de los gemelos comenzaban a fortalecerse.

—Ahora sí —respondió Kai con una suavidad sedosa, mirándolo directo a los ojos, derribando sus defensas con la calma de su voz—. No hay nada de qué preocuparte, alfa. Ya no.

Do lo miró en silencio, su respiración pesada poco a poco comenzando a compasarse con la de Kai, el aroma de su angustia cediendo ante la certeza que emanaba de su omega.

—¿Es por el vínculo? —preguntó en un susurro quebradizo, con un tinte de desesperación, temiendo que la calma de Kai fuera solo un efecto biológico de la marca, una obligación impuesta por el destino y no una elección.

Kai negó lentamente con la cabeza, el movimiento apenas rozando la mejilla de Do.

—No. —Dio el paso final, invadiendo su espacio vital por completo, fundiendo sus cuerpos en un abrazo que era una declaración de principios—. Por vos.

Do pareció quedarse sin palabras. Un asombro tierno suavizó por fin sus facciones, disipando el último fantasma de los celos. Sus ojos oscuros brillaron con una intensidad devoradora, pero ya no había miedo en ellos. Kai le dedicó una sonrisa radiante y, para sellar su elección, entrelazó con firmeza sus dedos con los del alfa.

—Creo que pasé tanto tiempo intentando convencerme de que nunca podría quererme, que olvidé preguntarme algo mucho más importante... Si yo ya te quería desde mucho antes de darme cuenta. Y que, a pesar de todo, te elegí a vos, siempre.

Una sonrisa inmensa, poco característica y llena de alivio, iluminó el rostro de Do. Con infinita ternura, inclinó la cabeza, marcando suavemente la frente de Kai con la suya en un gesto de posesión y devoción absoluta. Y esta vez, en ese contacto íntimo, rodeados del aroma de su unión, ya no había cadenas, ni órdenes, ni miedo, solo la verdad desnuda de su elección mutua.

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