Una visita inesperada

De Confesión de amor N° 51, por ltzJere

Pasaron tres días desde aquella llamada. El clima estaba nublado, y el humor de Hanamichi también. Estaba sentado en un banco del jardín del hospital, mirando hacia la playa con el ceño fruncido. Sentía que su cuerpo no respondía tan rápido como él quería y la frustración lo estaba consumiendo.

— ¿Así que este es el famoso genio de la rehabilitación? ¡Qué cara de amargado, Sakuragi!

Hanamichi pegó un respingo. Al girarse, vio a una chica con el pelo suelto, una campera con mucho estilo y una actitud avasallante. Tardó un par de segundos en procesarlo; sin la gorra, el buzo del equipo de Shohoku y el silbato, le costó reconocerla fuera de su hábitat.

— ¡¿Ayako?! —exclamó él, sorprendido, preparándose para quejarse de la interrupción. Pero entonces, vio quién venía caminando a su lado.

Haruko se acercó con paso alegre y despreocupado, llevando una pequeña canasta con frutas. Levantó la mano para saludarlo, mirándolo con la misma admiración infantil y cariño de siempre, como a su gran amigo y el salvador del equipo.

— ¡Hola, Hanamichi! —saludó ella, con una sonrisa amplia y sincera—. Vinimos a ver cómo estabas.

En ese instante, para el cerebro de Hanamichi, el cielo gris desapareció por completo. El jardín del hospital fue reemplazado por un fondo brillante de estrellas y flores flotantes. El ruido de las olas se desvaneció. Ayako, literalmente, se borró de su campo de visión. En el mundo de Sakuragi, solo estaban él y su Haruko. "¡Vino a verme! ¡Mi Haruko viajó hasta aquí solo por mí!", gritaba su voz interior, al borde de las lágrimas de felicidad.

— ¡Haruko! —Hanamichi se puso de pie de un salto, intentando posar con los brazos cruzados para verse genial, aunque una pequeña punzada en la espalda casi lo hace tambalear—. ¡Por supuesto que estoy bien! ¡El cuerpo del genio Sakuragi está hecho de acero!

Ayako soltó una carcajada fuerte y le dio un manotazo seco en la espalda, rompiendo la burbuja romántica y haciéndolo apretar los dientes.

— ¡No te hagas el duro, tonto! Miyagi y el profesor Anzai nos pidieron que viniéramos a asegurarnos de que no estuvieras haciendo locuras. ¡Te necesitamos entero para el torneo de invierno! —Ayako se sentó en el banco, adueñándose del espacio—. Anda, siéntense, que el viaje fue largo.

Haruko se sentó en el otro extremo del banco. Hanamichi se apresuró a sentarse justo en el medio, ignorando a Ayako por completo y enfocando toda su atención en la chica de sus sueños.

— Te trajimos algunas cosas... —dijo Haruko. En ese momento, al ofrecerle la canasta, bajó un poco la mirada. El gesto de entregarle un regalo en la mano pareció incomodarla un poco, y sus mejillas se tiñeron de un ligero tono carmesí—. Por favor, hazle caso a los médicos, Hanamichi. Todos queremos verte jugar otra vez.

Sakuragi tomó la canasta como si fuera el trofeo de las Nacionales. Asintió vigorosamente, con una sonrisa boba e imborrable en el rostro. No importaba que Ayako estuviera ahí al lado hablando de los entrenamientos de Ryota; en la mente del Rey de los Rebotes, esa seguía siendo la mejor cita de su vida.

Capitulo anterior