El Alfa detrás de las sombras

De El destino equivocado, por Yeoli61

Do se apartó de golpe.

Necesitaba salir de esa habitación antes de perder lo poco que le quedaba de control. El celo de Kai todavía flotaba en el aire, denso, imposible de ignorar, y cada segundo que pasaba cerca de él era una batalla contra su propio instinto.

Se fue casi corriendo.

Llegó a su habitación principal y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria. Buscó los supresores en el cajón de siempre y tomó dos, tal vez tres, sin contar bien. Después se metió bajo la ducha, con el agua lo más fría que pudo soportar.

Nada funcionó.

Su pareja destinada estaba a pocos metros de distancia, y esa cercanía hacía que todo lo demás —los supresores, el agua fría, la respiración contada— perdiera sentido. La noche se le hizo eterna. Do se quedó despierto, sentado en el borde de la cama, con los puños cerrados y la mandíbula tensa, repitiéndose que aquello iba a pasar, que solo tenía que resistir hasta el amanecer.

Cuando la luz finalmente entró por la ventana, se levantó sin haber dormido casi nada.

Bajó a la cocina y preparó el desayuno él mismo, algo que nunca hacía. Cuando Kai apareció, todavía con la mirada esquiva, Do ya tenía todo servido.

—Sé que no fue tu decisión —dijo, sin levantar mucho la vista—. No esperaba que las cosas pasaran así, y lamento no haber tenido más control.

Kai no respondió enseguida.

—Te voy a dejar tranquilo —continuó Do—. Hoy tengo que ir a la empresa. Si necesitás algo, cualquiera de acá te lo va a conseguir.

—Está bien —dijo Kai, con una calma que sonaba casi convincente—. No hace falta que te disculpes tanto.

Do asintió, tomó las llaves y salió.

Kai lo escuchó alejarse: el auto arrancando, el portón cerrándose, el silencio de la mansión volviendo a instalarse. Recién ahí dejó caer la expresión tranquila que había sostenido durante todo el desayuno.

No estaba bien.

No aceptaba nada.

Apenas confirmó que Do se había ido, empezó a recorrer la casa con otra intención. Necesitaba encontrar una salida, una puerta sin cámaras, una ventana que no estuviera vigilada. Cualquier cosa que le permitiera irse de ahí antes de que aquel vínculo terminara de consumirlo por completo.

Fue revisando habitación por habitación, cajón por cajón, hasta que en un cuarto que parecía no usarse hacía años encontró una caja vieja, escondida en el fondo de un placard.

Dentro había fotografías.

Pequeños recuerdos que Do había conservado durante años.

Y entonces comprendió que aquella historia había empezado mucho antes de que ellos descubrieran el vínculo.

Do siempre había estado ahí.

Cuando Kai necesitaba ayuda, aparecía alguien misteriosamente.

Cuando tenía problemas, alguien los solucionaba.

Cuando enfermaba, alguien se aseguraba de que tuviera lo necesario.

Cuando Kai pensaba que estaba completamente solo...

Do estaba cerca.

Protegiéndolo desde las sombras.

No como un alfa que pretendía reclamarlo.

Sino como alguien que llevaba demasiado tiempo queriéndolo en silencio.

Kai sintió un nudo en la garganta.

—¿Por qué nunca me lo dijiste?

La pregunta se le escapó en voz alta, aunque no había nadie ahí para responderla.

Se quedó sentado en el piso, con la caja abierta sobre las piernas, revisando cada fotografía, cada papel, cada fecha que probaba que aquello no había empezado con el vínculo. Había empezado mucho antes. Cuando él ni siquiera sabía que Do existía.

Por primera vez comenzó a preguntarse cuánto de aquel hombre que odiaba había conocido realmente.

Y cuánto había inventado él mismo para poder rechazarlo.

Capitulo anterior

Capitulo siguiente